Lihue Calel, un parque nacional en la llanura pampeana
Por Marcelo C. Tedesco, Enero 2012
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Quienes busquen descansar cerca de la naturaleza y en pleno paisaje pampeano, este parque combina historia, leyendas y arte rupestre.
Las “sierras de la vida” –tal es el significado de las voces mapuches Lihué Calel- son el principal atractivo de este parque homónimo, localizado en la provincia de La Pampa.
Andar por estas sierras es internarse en un paisaje rocoso en medio del desierto, mientras se transita por uno de los caminos más antiguos de América.
Surgidas hace unos 600 millones de años, con sus escasos 600 metros son igualmente un mirador privilegiado a la inacabable llanura pampeana. Allí puede sentirse la estremecedora soledad del Valle de los Angelitos, donde los aborígenes enterraban a sus párvulos; a la vez que descubrir manantiales en los que rondan pumas, guanacos, zorros, ciervos y ñandúes, una delicia para los amantes de los safaris fotográficos. Dueños y señores del lugar, alternan en el bosque achaparrado del jarillal y en los largos y abrigados valles de algarrobos, caldenes, álamos y durazneros.
El Parque se encuentra a unos 200 kilómetros de Santa Rosa, la capital provincial. Cuenta con senderos señalizados que guían al visitante por los atractivos turísticos: el Cerro de la Sociedad, el Valle de Namuncurá y el Valle de los Angelitos. Este último camino también pasa por las ruinas del casco principal de la estancia de Santa María de Lihué Calel, construida por la familia Gallardo antes de la creación del Parque. Ocupa casi 10 mil hectáreas cortando con su relieve y su floresta la monotonía y aridez de La Pampa.
Un muro de piedras, a un costado de la ruta provincial 152, deja adivinar el ingreso al parque. Ahí se comienza a ver el intenso color salmón de las estructuras compuestas por cuarzo, mica y feldespato. Los visitantes que se acerquen al Parque Nacional Lihue Calel tendrán la oportunidad de descansar del estrés de las grandes ciudades, sin abandonar el interés por la cultura de los primitivos habitantes de la región pampeana, puede elegirse el circuito peatonal o el vehicular para trasladarse a las ruinas de la estancia Santa María.
Las sierras fueron el último reducto del cacique Manuel Namuncurá –padre del Beato Ceferino- ante la avanzada de las tropas del general Julio Argentino Roca, en su autodenominada “Campaña del Desierto” –más reconocida por la historiografía reciente como una expulsión de pueblos originarios mediante la matanza a fin de ganar tierras productivas para el modelo agroexportador-, previo a huir hacia Choele Choel, donde fue capturado. La zona era usada por los indios para esconder el ganado que robaban en la provincia de Buenos Aires y llevaban camino a Chile.
El ingreso de visitantes es gratuito, aunque los servicios son escasos. Los recorridos están muy bien organizados a través de senderos señalizados. Para los acampantes hay un camping equipado. Informes pueden recabarse en la Intendencia del Parque, donde siempre permanece uno de los cuatro guardaparques, que orientan al visitante. El teléfono que existe es el (02952) 43-6595.
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